
No habría hecho uno mucho por conocer y tratar a Lope o a Quevedo, a
Mateo Alemán o a Góngora, sin que nada de esto menoscabe el mucho
aprecio y admiración que siente uno por las obras de todos ellos, en
muchos aspectos «mejores» que las de Cervantes, si acaso podemos hablar
de ese modo y comparar lo incomparable.
Con Cervantes acaba
sucediendo, sin embargo, algo diferente. A Cervantes lo hubiera uno
querido conocer, aun sin haber leído sus libros. Querríamos haber
coincidido con él en una venta o en una taberna o donde fuera. Creo que
si es tan buen escritor fue por haber ido de incógnito por la vida, sin
darse ninguna importancia. Aunque se elogia a veces (a ese «defectillo»
aludió cariñosamente Azorín), jamás se dio importancia.